Ropa de trabajo

La ropa de trabajo forma parte de la cotidianidad en el entorno laboral:

 

 

Epis
Batas ropa de trabajo
Batas

 

Identificamos rápidamente la ocupación del que lo lleva de un solo vistazo. En un restaurante sabremos quién es el camarero, el cocinero o el chef no sólo por sus acciones, sino por el tipo de indumentaria que lleva, al igual que en un hospital distinguiremos a los médicos de las enfermeras o del personal de limpieza.

 

Estos uniformes responden a la necesidad de practicidad y funcionalidad a la hora de trabajar, pero también tienen un cometido unificador como su propio nombre indica: una pertenencia a un determinado gremio, a una determinada organización con una serie de características propias que la diferencian de las demás y que, a la vez, produce una suerte de colectivización, donde el individuo deja de ser importante para integrarse en el grupo.

La humanidad, desde que tenemos constancia de ello, ha hecho uso de los uniformes. Todas las civilizaciones del Antiguo Oriente los usaban: babilonios, persas, egipcios, griegos, etc. Se sabe que los primeros ropajes diseñados respondían a la voluntad de indicar las diferentes clases sociales y los roles que desempeñaban los que lo llevaban. Así mismo hay unanimidad en la opinión de que las primeras vestimentas relacionadas con el desempeño de un trabajo fueron las indumentarias para la guerra. Parece obvio que estos guerreros debían ir bien protegidos a la batalla, colocando sobre las partes más vitales de sus cuerpos algún tipo de material sólido que los protegiese de las heridas que pudieran infligirles. Cada ejército, cada pueblo, creaba sus armaduras con dotes distintivos, primero como señal de identidad, pero sobre todo para diferenciar a los propios guerreros de los ajenos. Las primeros armaduras egipcias, por ejemplo, se confeccionaron con cuero, cubriendo determinadas partes con metales duros, mientras que los griegos preferían, en pos de la libertad y mayor comodidad, utilizar túnicas de cuero con corazas rígidas.

Con el paso del tiempo, llegamos a los modernos atavíos de los ejércitos actuales. Seguramente sea en la disciplina militar donde mayor importancia adquieran los uniformes: en un ambiente primordialmente jerarquizado será la forma más práctica de establecer las diferencias entre rangos. Además, estas indumentarias, en las clases dominantes, comienzan a tener en cuenta un factor estilístico desconocido hasta el momento. Las chaquetas de los militares de alto rango poseen un diseño elegante, que transmite respeto y orgullo de pertenencia. Mientras que en la vestimenta de los soldados se sigue primando la comodidad y la utilidad, en la de los generales y tenientes se deja de lado esa funcionalidad para comenzar a tener muy en cuenta la importancia de la presencia y la imagen.

Tampoco podemos olvidar la importancia de la religión en los orígenes de los uniformes. De nuevo, la voluntad de pertenencia y distinción de un colectivo frente a otros venía dada por la indumentaria utilizada, un código propio diferenciador. Como vemos, la raíz ideológica del uso de uniformes responde de manera contundente a la necesidad de identificación de los seres humanos.

Los orígenes de la vestimenta laboral reciente

 

Están indisolublemente unidos e influidos por la ascendencia del comunismo ruso durante el siglo XX. Acorde con las ideas básicas del marxismo, la moda se considera un fenómeno burgués y elitista, históricamente culpable de la discriminación en clases sociales que tanto detestaban. Una manera de abolir ese clasismo fue mediante la unificación y uniformidad de las indumentarias, fomentando los aspectos más prácticos del vestir y fortaleciendo con ello los lazos de pertenencia al grupo. Pretendieron dejar de lado esa competencia consumista, relacionada con los cambios en la moda para, por el contrario, homogeneizar la sociedad.

En este caldo de cultivo comunista, algunos diseñadores comenzaron a darle una gran importancia a la confortabilidad y al diseño de ropa que facilitase a los trabajadores el desempeño de sus roles. Empezaron a tener en cuenta las funciones predominantes de cada profesión y realizaron sus diseños acorde con las mismas, algo que nos parece de una lógica aplastante ahora, pero que fue ideológicamente innovador en su momento. Prendas que aportasen seguridad, o que favoreciese la comodidad en el movimiento, o que permitiese almacenar gran cantidad de utensilios, por ejemplo, todo dependiendo de la profesión.

En esta nueva dirección comenzó a prevalecer la seguridad en el trabajo, atendiendo a las necesidades de los empleados de las fábricas que manipulaban sustancias peligrosas, investigando qué materiales y qué protecciones les auxiliarían mejor de las posibles eventualidades que pudieran surgir dentro de los riesgos propios de su profesión. Empiezan pues a realizarse estudios destinados a descubrir estos materiales adecuados para la confección de las prendas.

Mientras tanto, a nivel mundial, con la revolución industrial y el desarrollo en sí de la actual sociedad industrializada, la implementación de la vestimenta de lo que conocemos como el sector servicios, terminó por impulsar la importancia que la ropa de trabajo ha adquirido en la época presente, donde no sólo es apreciada la funcionalidad, sino donde también el aspecto moderno, elegante y original es cada vez más tenido en cuenta a la hora de la elección de una indumentaria característica.

Uniformes en hostelería

Ropa de trabajo para chef y cocineros

Si acudimos a un restaurante clásico, en el que gusten de respetar las antiguas costumbres del gremio y sus más clásicas tradiciones, y tenemos la posibilidad de observar lo que ocurre en el interior de la cocina, aparte de una actividad frenética y una buena dosis de tensión, distinguiremos rápidamente al chef principal del resto de los cocineros. Quizá porque probablemente sea la persona más estresada de todos los allí presentes, pero también por la singularidad de una de sus prendas, que lo distinguirá de los demás cocineros, una prenda que forma parte del imaginario popular: nos referimos, por supuesto, al característico gorro blanco alto de pliegues. Este gorro cumple una función estética a la par que jerarquizante, pero también tiene una razón de ser de tintes prácticos. Pero vayamos por partes y describamos primero las características generales y las peculiaridades de los uniformes utilizados en hostelería.

Estos uniformes utilizados históricamente por los cocineros son, en su mayor parte, blancos. Aunque a priori pueda parecer poco funcional, el color incide sobre un aspecto muy valorado en la cocina como es la pulcritud. Es una manera de conseguir que el cliente se sienta tranquilo aludiendo al simbolismo que tiene este color: limpieza, higiene y pulcritud. A su vez, como todo uniforme, posee un factor práctico ya que facilita la detección de las antiestéticas manchas. También es el blanco el color que menos calor retiene, una ventaja importante a la hora de pasar la jornada laboral entre fogones un poco más frescos.

La tela con que se confeccionan mayoritariamente es el algodón de alta resistencia (en ocasiones de algodón 100%, pero también combinado con poliéster) atendiendo a las necesidades de seguridad que el trabajo de cocinero conlleva. La doble capa de algodón protege de salpicaduras, quemaduras y cortes, riesgos más frecuentes para este gremio. Además, este tipo de algodón soportará con mayor eficacia los múltiples lavados, con agresivos detergentes, que se necesitan para mantener la deseada limpieza y pulcritud del uniforme.

En general, este atuendo se compone de las siguientes partes: chaqueta de cocina, gorro, pañuelo o pico, delantal y pantalón.

Chaqueta de cocina

Conocida también con el apelativo de filipina (se dice que porque unos cocineros de esa nacionalidad llevaron ese característico diseño a un congreso gastronómico allá por los años veinte del pasado siglo), esta típica chaqueta de cocina tiene una doble botonadura, que permite su rápida inversión para esconder las manchas. Está fabricada en un algodón resistente para proteger a la persona de salpicaduras y quemaduras que puedan producirse durante la cocción de los alimentos.

Últimamente hemos presenciado la aparición de prestigiosos cocineros que se atreven con otros colores menos clásicos, e incluso con arriesgados estampados. El cielo es el límite.

Gorro de cocina

Como mencionamos en la introducción, es quizá este elemento del atuendo el más distintivo de un cocinero. Tiene una función higiénica, obligatoria en la manipulación de alimentos, su diseño proporciona comodidad y frescor, pero sobre todo tiene un claro poder simbólico y evocador. El clásico gorro cilíndrico, alto y plisado de color blanco, que figura ser una corona, tiene el uso reservado al chef de más alto rango. Y esa es precisamente la razón de su tamaño: distinguir su estatus del de los demás cocineros (de hecho, la altura del gorro era directamente proporcional a la categoría del chef). Como curiosidad, se dice que la “Toque Blanche” debía tener cien pliegues, que aludían a la maestría y a las cien formas en que un cocinero de renombre debía dominar de cómo preparar un huevo. Los dobleces representan, como los círculos en los troncos de los árboles, la experiencia obtenida por el cocinero en el desempeño de su profesión. A mayor maestría, mayor número de pliegues.

En la época moderna quizá estén cambiando estas tradiciones y, así, encontramos cocinas donde no es tan sencillo realizar esta distinción a simple vista ya que hay cierta uniformidad en las vestimentas, pero podemos estar seguros de que si vemos ese gorro, pertenecerá al jefe de la cocina. Así, existen diversos modelos adecuados, por ejemplo, a la edad o sexo del cocinero, a la localidad o país de origen o incluso al tipo de cocina. Los que veremos más frecuentemente son el gorro tipo bandana, de tela, adecuado para cocineros de pelo corto, que se anuda en la nuca y cubre casi toda la frente, muy útil para absorber el sudor y evitar así su caída accidental sobre los alimentos. El gorro de cofia con visera es muy utilizado por las mujeres dado que, por su diseño, permite recoger el pelo en la parte posterior del mismo (algunos tienen una redecilla que aliviará un poco el calor de la cocina). El gorro tipo champiñón tiene cada vez más adeptos entre las filas de cocineros del mundo, dado que reúne en él todas las posibilidades que poseían los anteriores gorros descritos. En este caso, el pelo es recogido hacia arriba, e igualmente es capaz de recoger el sudor mediante una tira inferior que, además, impide la caída del gorro. Por último, en el mercado existe la posibilidad de encontrar también gorros desechables, fabricados en papel.

Pañuelo o pico

Este prenda es otra de las más representativas y tradicionales que encontramos en el ámbito de la cocina. Quizás sus cualidades estéticas sean las más apreciadas, aunque también tiene una función protectora del cuello y de absorción del sudor. Los pañuelos o picos más típicos son los de color blanco o negro pero, de nuevo, dada la evolución del mundo culinario, colores diferentes y diseños atrevidos pueblan el mercado.

Delantal

El delantal o mandil es una pieza de tela que protege al uniforme principal (chaqueta y pantalón) de posibles manchas. Es una prenda muy útil para preservar las partes del cuerpo más expuestas a derrames y salpicaduras de alimentos y líquidos. El chef suele llevarlo siempre blanco y largo, desde la cintura y, como el resto de prendas blancas, impoluto. El resto de cocineros pueden llevar delantales de peto, con la posibilidad de usarlos de color negro si así les place y les es permitido. Si te interasa mas informacion tambien puedes leer nuestro articulos de delantales originales, delantales de cocina o delantal largo o frances

 

Cocinero con su delantal

 

Pantalón de cocinero

Otra prenda bastante característica del atuendo de un cocinero son los pantalones. Pueden ser de color negro (quizá actualmente sean los que vemos más a menudo) pero tradicionalmente eran de cuadros blancos y negros, dada la mayor capacidad de esta combinación de colores para disimular las manchas que un color liso. De nuevo, la tela de los pantalones de cocinero es preponderante el algodón, que ofrece gran comodidad, y están diseñados para preservar la piel frente a quemaduras. Idealmente, deberían poseer de un cierre con botones a presión (y no estar sujetos con un cinturón) para poder desprenderse de ellos inmediatamente en caso de accidente. No será extraño, sin embargo, encontrar algún chef con pantalón de pinzas.

Ropa de camarero

Para un trabajador que va a pasar enteramente su jornada laboral desplazándose de un lugar a otro con vertiginosa rapidez, la comodidad en su vestimenta es de una relevancia indudable. Da igual que el camarero trabaje en un bar de barrio, en un restaurante, un local moderno o en espacios donde se llevan a cabo celebraciones de alto postín, necesariamente ha de tener un uniforme que le garantice la comodidad. Sin embargo, hay ciertas distinciones entre un camarero que trabaje en un restaurante y otro que lo haga habitualmente en la barra de un bar.

Dentro de las diferentes categorías que encontramos en la geografía de la restauración, existen locales de gran prestigio de tinte más clásico, más moderno o más atrevido y, posiblemente, uno de los indicadores que nos ayuden a adivinar en qué tipo de local estamos, será la vestimenta de sus camareros.

En su versión más clásica, supongamos un restaurante de cierto renombre, una combinación de camisa blanca de manga larga y pantalón negro, con zapatos igualmente oscuros, será el conjunto más frecuente. El blanco es el común denominador en hostelería, como símbolo de esa limpieza e higiene tan deseadas. El pantalón siempre negro para maximizar el uso del mismo durante las largas jornadas. También es habitual en este tipo de establecimientos el uso de chalecos sobre la camisa blanca, que habrán de ser negros, y que cumplen una función tanto estética como práctica. De nuevo disimulará las indeseables manchas (al igual que el pantalón), aporta un cierto aire de refinamiento y delicadeza y además permite el bordado del logotipo del restaurante, del nombre del profesional o de lo que se estime oportuno.

Un peldaño más en la celebración de eventos puede ser un acto oficial, donde el uniforme del servicio de camareros suele ser un smoking, normalmente blanco para el verano y negro en invierno (en nuestra memoria los camareros ataviados con guantes, visto en tantas y tantas películas, aunque quizá esto esté dejando de ser tan habitual). Es de vital importancia que, aunque deban estar vestidos elegantemente, nunca pueda llegar a darse el caso de que se puedan confundir con los invitados, lo cual sería bastante incómodo para estos últimos.

Y si, por el contrario, acudimos a cenar a un modesto restaurante (o no tan modesto, pero menos serio y tradicional) es posible que, aparte de todo lo mencionado anteriormente, los camareros porten un monedero. Puede que cada vez sea menos habitual, pero para el trabajador supone un ahorro de energía. En él, deberá haber cabida para monedas y billetes, clasificados de manera que el camarero pueda tener un acceso rápido a cada compartimento para devolver el cambio con celeridad. Normalmente tienen diversos compartimentos, que organizan las monedas según su valor, al igual que los billetes. Igualmente en ellos se deberán poder guardar bolígrafos, libretas para apuntar las comandas, abridores y todo lo que el camarero necesita para llevar a cabo su trabajo de la forma más eficiente. En el mercado los encontraremos fabricados en diferentes materiales y diseños, en piel los más caros, o en otro tipo de componentes más económicos.

Ropa para bares o cafeterías

En España los bares representan una suerte de seña de identidad, en un país con una cultura como la nuestra, que aprecia tanto la socialización. Los bares y cafeterías suponen el mejor punto de encuentro. Están llenos todas las épocas del año, a horas intempestivas encontramos gente en los locales. Y en cuanto llega la primavera, de lunes a domingo, después de la jornada de trabajo o durante el fin de semana, los bares y terrazas de toda España se abarrotan de gente deseosa de pasar un buen rato. No es extraño que en el exterior se nos contemple como un grupo de población dedicado a la hostelería: tenemos tradición y sabemos hacerlo muy bien.

En cuanto a la forma de uniformarse, nuestro camarero típico del bar de la esquina es muy probable que use pantalón negro y camiseta o polo, pero ya dejando de lado ese blanco que en restaurantes y cocinas denota pulcritud. El camarero de bar, de cafetería, es el más práctico de todos y al que menos se le exige, de alguna manera, que sea especialmente delicado en la elección de su atuendo. Al fin y al cabo, prima la comodidad sobre todo lo demás, dado que es el tipo de trabajador de hostelería que posiblemente más kilómetros hace y cuyo trabajo es más extenuante. Así, lo más habitual será una vestimenta un poco más informal, como un polo de manga corta o una camiseta adecuada (aunque se les identificará claramente y no sólo porque estén detrás de la barra), siempre atendiendo a los estándares de calidad y seguridad propios del servicio que ofrecen. Normalmente, estos polos o camisetas suelen tener estampado, cosido o dibujado el logotipo del bar, o portan alguna seña distintiva que personalice de alguna manera su diseño.

Pero la parte más importante en la indumentaria de un camarero va a ser el calzado. Soportar de pie toda la maratoniana jornada puede ser el peor castigo posible. El uso continuado de un calzado inadecuado conlleva, con el paso del tiempo, múltiples problemas de salud, como la aparición de molestias en la espalda, la sobrecarga de alguna parte del pie (sobre todo de la planta, o incluso la aparición de los molestes juanetes) o de la pierna. Además, si el calzado no posee una suela adecuada, un camarero puede sufrir un accidente laboral al resbalarse en un charco producido por los habituales derrames. Para evitar todo esto, el zapato o zapatilla debe reunir unas ciertas condiciones ergonómicas, a saber:

– La horma debe ser amplia y generosa, por la gran cantidad de movimientos a que va a estar sometido el pie. Ha de ser de un material flexible, pero que a la vez proporcione una correcta sujeción y comodidad. Para ello es muy útil que posea un ajuste variable, de cordones o elástico y que permita una torsión correcta del pie en sentido longitudinal.
– La anchura posterior del calzado y la del tacón en contacto con el suelo deben ser iguales para proporcionar una base estable y reducir los impactos en el talón del pie. Siempre deben evitarse los tacones altos y estrechos y será muy valorable que cuente con una suela de buen grosor.
– Durante la jornada se acumularán restos indeseables en la suela de los zapatos, así que se prefieren suelas sintéticas que lo impidan en la medida de lo posible. Han de tener, además, reforzados la puntera y el empeine, para evitar el desgaste producido por el uso y por esas sustancias que, día tras día, puede llegar a degradar el calzado. Además no olvidemos que los materiales cortantes pueden caer sobre el pie y que un correcto reforzado evitará lesiones.
– El problema de las sobrecargas en los pies y las molestias en la espalda se soluciona distribuyendo las presiones en la carga del pie mediante el uso de suelas que no sean demasiado duras y plantillas de viscoelástica en la parte del talón.
– No han de tener muchas costuras para así facilitar la limpieza.

Vestuario de trabajo sanitario

El ámbito sanitario, que engloba todo tipo de actuación encaminada a fomentar y ayudar a recuperar la salud de las personas (o de los animales) y que incluye gran cantidad de infraestructuras (como hospitales, ambulatorios, consultorios, farmacias, clínicas dentales o veterinarias, etc.) es otro de esos ámbitos donde la presencia de una vestimenta característica es un habitual y con una gran cantidad años de evolución. Si vemos a alguien vestido con una bata blanca, inmediatamente lo relacionaremos con la salud y el entorno sanitario. Pocas profesiones tan estrechamente relacionadas con su uniforme y pocos uniformes con tanto poder de evocación en la mente de las personas.

Sin embargo, el vestuario utilizado por los sanitarios ha sufrido grandes variantes a lo largo de los años. Como ejemplo más representativo, el uniforme que antiguamente llevaban las enfermeras, consistente en una incómoda falda (seguramente menos corta de como habitualmente es representada) con unas finas medias blancas y una cofia en la cabeza. Afortunadamente, ha llovido mucho desde entonces, y estas nada prácticas indumentarias han dado paso a ropas más confortables y eficientes. En una profesión donde existe un gran riesgo biológico, unas finas medias no parecen, desde luego, la protección más adecuada.

Existen diferentes posibilidades, dependiendo del lugar del trabajo (no es lo mismo un hospital que una farmacia o una clínica veterinaria) y precisamente es el tipo de trabajo el que va a determinar que se utilice una clase de uniforme u otro. Lo más habitual suele ser elegir entre dos opciones: la clásica bata blanca o el «pijama», consistente en una casaca y un pantalón. Dentro de estas dos variantes hay, eso sí, muy diferentes posibilidades y no siempre pueden ser usados en todas las ocasiones. La elección normalmente dependerá del grado de peligro de contaminación biológica que vaya a sufrir el profesional y también del riesgo que pueda suponer el tipo de prenda en el contagio de enfermedades y gérmenes patógenos a los propios pacientes.

Pijamas sanitarios

El pijama sanitario es un tipo de uniforme que se compone de dos partes. La superior consiste en una casaca amplia, sin mangas y con cuello de pico o, un segundo modelo más antiguo, tipo camisa de manga corta, que se ceñía mediante botones (ya en desuso). Ambas poseen al menos un bolsillo, pero lo más frecuente es que tengan tres, dos a los laterales y una en la parte superior. La parte inferior es un pantalón que puede sujetarse mediante una goma elástica en la cintura o abrocharse con botones o corchetes, en cuyo caso suele ayudarse de una cinta para ajustarse (a veces se prescinde de los botones). Esto es así porque su ámbito mayoritario de uso son los hospitales, donde hay todo tipo de personal de ambos sexos y con tallas muy diferentes, lo que hace más sencilla la elección de los uniformes en grandes cantidades. Por esta misma razón suelen tener un diseño unisex, más práctico, pero también encontramos en el mercado marcas que realizan diseños más específicos para el cuerpo masculino o femenino. De nuevo, la cantidad de bolsillos que posea la prenda será importante, en profesiones donde es necesario y práctico el acceso rápido a pequeñas herramientas que se puedan llevar encima.

Por supuesto, ha de fomentar el confort del profesional que lo lleva, permitiendo toda clase de movimientos con absoluta soltura. Es posible que en ocasiones estos trabajadores tengan que salir corriendo y adoptar posturas de lo más incómodas, así que su uniforme debe permitirles una comodidad total al hacerlo.

Estos pijamas deben estar fabricados con una tela de calidad, tipo algodón resistente, y se aconsejan materiales relativamente impermeables, que impidan el paso de microorganismos (en ocasiones pueden incluir alguna cantidad de tergal en su composición, pero no es lo más habitual). Podemos encontrar gramajes más finos o más gruesos dependiendo de las características del trabajo: no es lo mismo trabajar en una clínica de fotodepilación que en un quirófano o en una planta de un hospital. A mayor riesgo, mayor deberá ser el grosor de la tela. Además ha de ser resistente a los lavados y tener una gran durabilidad, ya que la higiene frecuente es esencial en este tipo de ropa, para evitar contagios y porque son prendas que pueden ensuciarse con manchas que precisarán un tratamiento con productos muy agresivos para su correcta limpieza. Ha de ser una tela que se planche con facilidad, ya que el planchado de la misma también favorece la eliminación de los gérmenes.

El color o el estampado de estos uniformes, cada vez más innovadores y originales, responde en ocasiones a una necesidad de identificación del personal, como ocurre en los hospitales, y en otras se elegirán determinados colores según las actividades. Poniendo como ejemplo los hospitales, es bastante habitual que el personal de enfermería (enfermeras propiamente dichas y auxiliares) lleve pijamas de color diferente para que los pacientes sepan a quién dirigirse según lo que necesiten. Así mismo, si acudimos a una planta de hospitalización infantil, es probable que los colores lisos den paso a estampados infantiles y alegres. Lo mismo ocurre en una clínica veterinaria, donde los profesionales suelen usar motivos relacionados con la zoología. Y, por último, en los quirófanos es habitual el conocido pijama verde completo. No está permitido su uso fuera de los quirófanos para minimizar al máximo la posibilidad de diseminación de gérmenes o su posterior contagio a los pacientes que van a someterse a una intervención.

Calzado sanitario y zuecos sanitarios

Existen estudios que demuestran que el calzado laboral es fundamental a la hora de evitar y prevenir accidentes y lesiones. Dado que el 75% del trabajo de estos profesionales se realiza en bipedestación ( puede rondar un porcentaje más elevado si pensamos en largas intervenciones quirúrgicas o en el personal de una farmacia), es una obviedad que el calzado ha de ser el adecuado para prevenir la fatiga en los pies y las piernas.

Lo más típicamente usado han sido los zuecos sanitarios, pero dependiendo de si el trabajo va a suponer realizar largos desplazamientos, o si, por el contrario, supondrá pasar muchas horas de pie sin apenas moverse, será mejor decantarse por unos modelos u otros. En general, estas son las características que debería reunir el zueco ideal:

– Debe pesar poco y estar fabricado con un material relativamente moldeable, para evitar la fatiga y favorecer la comodidad y adaptabilidad al pie, y con una base amplia de una altura media.
– La suela debe ser antideslizante, flexible, resistente e impermeable.
– El calzado sanitario requiere de una limpieza exhaustiva, fácil y frecuente, por lo que los materiales deben ser los adecuados para ello. Preferiblemente serán pieles hidrófugas, que son ligeras y porosas, con tintes hipoalérgicos y atóxicos, lo que permitirá una correcta transpiración. No se recomienda el uso de zuecos de tela ni con agujeros (aunque su uso sea bastante frecuente).
– Si el zueco es abierto por detrás, deberá poseer algún sistema de agarre del talón. Éstos son adecuados para estar parados en bipedestación, pero si se va a caminar mucho durante la jornada será preferible que sean cerrados con un sistema ajustable de velcro o de cordones.

Actualmente, como ocurre con los pijamas sanitarios, cada vez los modelos y colores disponibles en el mercado son más amplios e interesantes.

Bata sanitaria

La bata blanca de manga larga es una prenda que se utiliza, básicamente, para proteger la ropa «de calle» que se lleva debajo. Es una prenda tan importante en sanidad que incluso hay un síndrome que lleva su nombre y que se relaciona con el aumento de la tensión arterial de los pacientes cuando acuden a su médico o a su enfermera. Es tan potente el simbolismo de esta indumentaria que produce efectos psicosomáticos en las personas.

El blanco tiene un significado de limpieza y cuidado que imprime, además, un sentido de autoridad y ascendencia al que lo lleva. Tanto si es una eminencia médica, o un auxiliar de clínica el que la lleva, producirá en nosotros una suerte de efecto respetuoso y solemne. Suele ser el atuendo más común en las consultas médicas, en los centros de salud, en las farmacias, clínicas dentales y en todas aquellas en las que el riesgo de contaminarse con productos biológicos sea menor. Por ello se usa como una especie de sobretodo y debajo, habitualmente, se lleva la propia ropa.

Como características que debe reunir cabe destacar que ha de ser de manga larga (para proteger completamente todo el brazo) y de un largo aproximadamente por debajo de la rodilla; debe estar fabricada con un algodón resistente, normalmente mezclado con alguna fibra sintética como el poliéster, y de un grosor consistente; debe poseer bolsillos para guardar las herramientas usadas más frecuentemente en la práctica sanitaria (tijeras, esparadrapos, libretas, fonendoscopios… Es fácil ver incluso vademécum en los bolsillos de la bata de los médicos); suelen tener un corte recto que posibilita su uso tanto para mujeres como para hombres.

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Ropa de trabajo para limpieza

La ropa de trabajo que se emplea en la limpieza tiene muchas cosas en común con la ropa sanitaria: debe ser cómoda ya que el trabajador va a estar en continuo movimiento y va a tener que acceder a rincones complicados o a alturas, con lo que la indumentaria tiene que proporcionarle una gran cantidad de movimientos. El tejido debe ser además resistente, por lo que, como en otro tipo de uniformidad, lo más utilizado es el algodón y el poliéster, que resisten bien la frecuencia de lavado a altas temperaturas y los frecuentes planchados. Otras características que debe reunir el tejido del uniforme es que sea transpirable, antibacteriano, repelentes de líquido, antiparasitario… Todo para favorecer la seguridad del trabajador, dado que va a trabajar con productos de limpieza que pueden ser nocivos para la salud (los guantes serán otro imprescindible así como el uso de mascarillas en determinadas circunstancias de salud).

Así mismo, es importante que el personal de limpieza luzca impoluto como mensaje subliminal de que está realizando bien su trabajo. El blanco, otra vez, es el protagonista principal de este tipo de prendas. Permite percibir rápidamente la presencia de manchas y representa la salubridad y la limpieza.

También el calzado en este trabajo toma una relevancia máxima ya que el suelo mojado va a ser una constante amenaza para la seguridad. La suela antideslizante se convierte aquí en un axioma. La comodidad será importantísima porque prácticamente la totalidad del trabajo se realizará en bipedestación.

La mayoría de las empresas de limpieza en nuestro país son privadas, así que el uniforme de su personal puede suponer una buena carta de presentación de cara a proponer su candidatura para un determinado puesto. También la oferta de modelos y diseños es muy amplia y, con la elección que se haga, la empresa manifestará su propuesta de imagen corporativa. Si lo hacen teniendo en cuenta la opinión de sus trabajadores, seguramente tendrán mayor probabilidad de éxito.

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Uniforme de limpieza. Cómo elegirlo

 

Ropa de trabajo para centros de estética, peluquerías y spa

Nos encontramos aquí con un tipo de ropa de trabajo en el que la estética toma una relevancia importante. En otro tipo de uniformes hemos podido elegir modelos atractivos estéticamente por gusto, pero no había necesidad de ello ya que primaban la funcionalidad y la comodidad. Cuando trabajamos en un centro en el que la buena presencia y la belleza son la esencia del mensaje que queremos transmitir y del servicio que vamos a dar, un uniforme estéticamente agradable se antoja primordial. Afortunadamente el mercado está al corriente de esto y ofrece una variedad vanguardista de modelos que favorecen la buena presencia: casacas con botonadura cruzada, batines de media manga o pichis para peluquera, chaquetas de sala modernas, estolas… Una amplia gama donde poder elegir el diseño que más se adapte a la imagen que se quiera proyectar.

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Uniformes de peluquería. Comodidad y distinción
Uniformes de peluquería. Comodidad y distinción

 EPI: Equipo de protección individual

Las siglas EPI responden a la abreviatura de Equipo de Protección Individual. Este equipo se define como «cualquier dispositivo o medio que vaya a llevar o del que vaya a disponer una persona con el objetivo de que la proteja contra uno o varios riesgos que puedan amenazar su salud y su seguridad». Se refiere a los uniformes que, o bien sustituyen directamente a la ropa o que se colocan sobre ésta, cubriéndola. Están específicamente diseñados para la protección contra eventuales peligros en determinadas profesiones que conllevan unos riesgos especiales para la integridad del trabajador. Los EPIs se utilizarán cuando los riesgos no hayan podido evitarse o limitarse suficientemente a través de medios técnicos de protección colectiva o procedimientos y métodos de organización del trabajo. Es básico que todos los EPIs cumplan con la obligación por parte del fabricante del marcado CE establecidas en el artículo 10 del RD 1407/1992 de 20 de noviembre (transposición de la Directiva 89/686/CEE, de 21 de diciembre).

Dadas las características de este tipo de atuendos, la comodidad se ve afectada necesariamente en aras de la seguridad, imprescindible para evitar accidentes laborales. La solución más óptima consistirá, pues, en seleccionar atentamente el grado mínimo de ropa y equipo de protección que son verdadera y estrictamente necesarios para realizar el trabajo de forma segura.

Existen diferentes tipos de EPI según sea el trabajo a realizar, pero en general están compuestos de las siguientes prendas: pantalones, chaqueta, capucha, botas y guantes. La normativa define tres categorías o tipos de EPI:

– Categoría 1: es la categoría de menor riesgo. Pertenecen a este tipo las agresiones mecánicas de efectos superficiales (guantes para la jardinería, dedales para la industria textil…), los productos de mantenimiento poco nocivos cuyos efectos sean fácilmente reversibles (guantes), riesgos derivados de la manipulación de piezas calientes con temperaturas por debajo de los 50ºC (guantes, delantales de uso profesional…), los agentes atmosféricos que no sean ni excepcionales ni extremos (gorros, botas…), los pequeños choques y vibraciones que no afecten a las partes vitales del cuerpo y que no puedan provocar lesiones irreversibles y la protección frente a la radiación solar (gafas de sol).
– Categoría 2: de riesgo intermedio, queda definida por todos aquellos que no entran en la clasificación de riesgos menores (1) ni graves (3). Muchos tipos de calzado de seguridad entrarían dentro de esta categoría.
– Categoría 3: de riesgos graves o irreversibles. Poseen un diseño complejo, destinado a proteger al usuario de todo peligro mortal o que puede dañar gravemente y de forma irreversible la salud. A esta categoría pertenecen exclusivamente las protecciones respiratorias con filtro que protegen contra aerosoles líquidos o sólidos o contra los gases irritantes o tóxicos; los equipos de protección respiratoria, completamente aislantes de la atmósfera, incluidos los destinados a la inmersión.; los EPI que sólo brinden una protección limitada en el tiempo contra las agresiones químicas o las radiaciones ionizantes; los equipos de intervención en ambientes cálidos, cuyos efectos sean comparables a los de una temperatura igual o superior a 100 °C; los equipos de intervención en ambientes fríos, cuyos efectos sean comparables a los de una temperatura ambiental igual o inferior a -50 °C; los destinados a proteger contra las caídas desde determinada altura; los equipos diseñados para proteger contra los riesgos eléctricos, para los trabajos realizados bajo tensiones peligrosas o los que se utilicen como aislantes de alta tensión.

Estos equipos requieren de un mantenimiento exhaustivo y deben pasar frecuentes revisiones que aseguren la protección del trabajador. Así mismo, éste debe mantener y utilizar correctamente su equipo de protección individual.

Ropa de trabajo general

Aquí se podrían incluir todos los uniformes y elementos que se utilizan mayoritariamente en la industria y la construcción y cuya finalidad principal es favorecer la protección del trabajador proporcionando la máxima comodidad posible. Entre ellos, uno de los más habituales es el pantalón de mezclilla, de vaquero o denim, de una tela gruesa y resistente que protege al empleado del trabajo rudo que se realiza en la industria y que cubre la piel para preservarla de raspones, de quemaduras físicas o químicas o de otras agresiones.

La misma función realizan los monos, petos de trabajo y guantes, diseñados con telas muy gruesas y resistentes. En nuestra imaginación, los clásicos petos y monos azules manchados de grasa, de pintura o rajados por la intensa actividad en la industria o la construcción. Este tipo de trabajo se realiza, en muchas ocasiones, a la intemperie, lo que puede suponer un verdadero inconveniente y una incomodidad manifiesta en los fríos inviernos. Por ello, existen algunas indumentarias que ayudan a disminuir este disconfort. Es el caso de las chaquetas de softshell, un tipo de tejido compuesto por dos o tres capas distinta: presentan poliéster en la capa exterior, una membrana transpirable intermedia y micro lana en el interior. Así, proporcionan al usuario una mezcla de cómodo chubasquero y cortavientos que será un gran aliado de cara a soportar las frías temperaturas.